Andalucía

La Andalucía de mayoría socialista ha muerto

Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo
photo_camera Juanma Moreno y Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo

En los años finales del franquismo, en 1969, surgió y triunfó la canción “Poetas Andaluces”, del grupo Aguaviva, considerada hoy un clásico de la música española contemporánea.

La letra toma unos versos escritos por Alberti en 1950, su poema “Balada para los poetas andaluces”, que era una crítica a los poetas del momento por no alzar la voz frente a las injusticias que se vivían en España.

Alberti se resistió a dar la autorización, porque habían pasado veinte años desde que fue escrita y ya se habían presentado voces contra la situación del país, pero finalmente consintió, siempre que se especificara que la letra había sido escrita en 1950.

En la canción se escucha. “¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? ¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora? Cantan con voz de hombre, pero ¿dónde los hombres? Con pecho de hombre sienten, pero ¿dónde los hombres? Cantan, y cuando cantan parece que están solos. Sienten, y cuanto sienten parece que están solos. ¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie? ¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie?  Cantad alto, mirad alto. Veréis que cantan otras voces, que miran otros ojos. Sabréis que palpita otra sangre. Y su canto ya es de todos los nombres”.

Aquella canción sirvió como trasfondo a las primeras elecciones democráticas y a las sucesivas convocatorias, en las que el socialismo fue ganando año tras año durante décadas.

La izquierda vencía sobre todo gracias al voto del campo, mientras que en las ciudades se iban imponiendo poco a poco opciones del centro y la derecha. Sin embargo, las cosas en aquella tierra han ido cambiando.

Que se estaba produciendo una evolución y que venía un cambio, lo muestra el intento frustrado, en 2019, de volver a alzar la canción de los poetas andaluces como banderín de enganche del voto de izquierda. Una veintena de poetas firmaron entonces, en vísperas de las elecciones generales del 28 de abril, un manifiesto para intentar frenar a la derecha. Ese proyecto no tuvo apenas eco.

El domingo día 19 se celebran elecciones en Andalucía, y los pronósticos avanzan una victoria clara de Juan Manuel Moreno.

Son unas elecciones en las que las ideologías parecen menos importantes que nunca. Y una prueba es el pragmatismo del candidato popular, que apuesta por ‘vender’ su nombre y oculta las siglas del partido que le ha nominado.

Moreno sabe que hoy se vota a personas y no a organizaciones. Es una dinámica que ha confirmado el propio Núñez Feijóo durante su participación en la campaña, porque ya la ha puesto en práctica él en Galicia.

Afrontamos tiempos de menos ideología y más imagen, de pragmatismo, de mensajes elementales, de impactos en los medios, de sensaciones. Juanma Moreno ha prometido wifi y televisión gratis en todas las habitaciones de los hospitales públicos andaluces. Y dice que repoblará Andalucía con tres millones de árboles.

Además, puede presentar como aval los datos positivos que empieza a lucir la economía andaluza, una región donde el conformismo, la resignación y el derrotismo parecen haber terminado.

Andalucía crece económicamente como nunca, desautorizando así las políticas anteriores basadas en la subvención y en el subsidio. La economía regional ha crecido un 6,8% interanual en el primer trimestre.

Así pues, a nadie se le oculta que las elecciones andaluzas se van a desarrollar en una nueva situación social y política,  no solo regional, sino también nacional, europea y hasta mundial.

Asistimos, de modo general, al declive de los partidos tradicionales, que se han hecho viejos, y a la aparición de nuevas fuerzas. En Francia, republicanos y socialistas prácticamente están desaparecidos, mientras la extrema derecha avanza. En Alemania los democristianos se han hundido, y los socialistas gobiernan solo gracias a un tripartito de coyuntura. En diversos países campan los populismos, mientras triunfan personajes como Durban en Hungría o Le Pen en Francia,

Se están rompiendo los modelos, surgen nuevos mensajes y nuevos líderes.

Pero, sobre todo, han aparecido nuevos votantes, ajenos a dogmas del pasado, poco conocedores de las ideologías, que optan por un voto transversal y hasta sentimental.

Es el protagonismo de las nuevas generaciones, que en España y en Andalucía no recuerdan, ni quieren recordar, guerras civiles ni franquismos, a los que el pasado no les mueve lo más mínimo porque no lo conocen ni les importa.

En ese nuevo entorno, el socialismo como tal afronta en Andalucía graves problema. Uno de ellos, que ha ‘cansado’ después de tantos años de control. Otro, que los escándalos económicos y las mangancias han trascendido finalmente.

Y otro, que los nuevos votantes ya no son herederos de aquellosque cantaban a los poetas. En efecto, como dice la canción, cantan otras voces, miran otros ojos, palpita otra sangre.

Ha sido durante décadas el granero electoral del PSOE, pero todo indica que esa Andalucía ya no existe. Que la Andalucía que votaba cerradamente PSOE ha desaparecido.

Quizá lo podremos comprobar de nuevo el domingo próximo.

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