Madrid

El teletrabajo, el toque de queda y la falta de créditos ICO ahogan a bares y restaurantes de Madrid

Los establecimientos que vivían de servir desayunos y menús a empleados de oficinas han visto hundirse sus ingresos.

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Las medidas para contener la expansión del coronavirus en España cumplen un año y si en un sector económico han impactado de forma directa es la hostelería. Bares, restaurantes, locales de ocio nocturno, se vieron obligados a cerrar en el confinamiento domiciliario de la primavera de 2020, y en la situación actual muchos sobreviven a duras penas.

Confidencial Autonómico ha charlado con los responsables de un bar restaurante ubicado cerca de la estación de Atocha, entre el Paseo de las Delicias y el Paseo de Santa María de la Cabeza. ‘La Loca Lagarejos’ sobrevive a duras penas, con las cifras de clientes hundidas respecto a la normalidad previa a la epidemia de Covid-19.

El dueño del negocio y su hija mantienen contacto con otros hosteleros de la zona, con los que comparten preocupaciones y opiniones sobre los problemas que siguen ahogando a los establecimientos de restauración en Madrid, pese a que se haya extendido la idea de que las medidas del gobierno de Isabel Díaz Ayuso sean de las menos restrictivas para los hosteleros.

El teletrabajo les deja sin clientes

La crisis sanitaria que comenzó hace un año ha supuesto cambios drásticos en aspectos que hasta entonces garantizaban la actividad de muchos negocios de hostelería.

Raquel Jiménez, de ‘La Loca Lagarejos’, señala uno de ellos: el teletrabajo. Explica el caso del bar restaurante de su padre, que es común al de otros muchos establecimientos similares ubicados en zonas de las ciudades con mucha actividad de oficinas.

Justo enfrente de este bar se ubica la sede de una empresa con decenas de empleados, que en buena parte acudía al bar a desayunar por la mañana, a comer de menú a mediodía, a tomar una caña al salir del trabajo...

“Pero desde que empezó la epidemia, han despedido a algunos. Otros se marcharon a casa a teletrabajar, y siguen sin acudir a las oficinas. Y los que van a las oficinas, tienen horarios presenciales reducidos y vienen sólo por la mañana, por lo que ya no comen aquí a mediodía”, resume la hija del dueño de este restaurante del distrito de Arganzuela.

El teletrabajo que se ha extendido en numerosas empresas que sí pueden adoptar estas prácticas está perjudicando a este tipo de establecimientos hosteleros y a otros pequeños comercios, que se beneficiaban de la presencia de trabajadores en zonas de oficinas en ciudades como Madrid.

En este restaurante, tomado como ejemplo, señalan que antes de la epidemia de Covid-19 podían servir unos 300 desayunos antes de las 11 de la mañana. La ‘desaparición’ de buena parte de los empleados de oficinas de la zona ha hundido la facturación por las mañanas, que ahora ronda los 30 desayunos.

Eso se extiende a la caída de clientes que entran a mediodía a comer el menú del día. “No podemos sobrevivir con la poca gente del barrio que baja a comer a los restaurantes, necesitamos a quienes trabajan en las oficinas”, alertan.

Las restricciones por el Covid-19

Las medidas aprobadas por las administraciones para tratar de reducir los contagios también perjudican la actividad por la mañana. Muchos hosteleros, como los responsables de este bar restaurante, lamentan que prácticamente les impiden la posibilidad de dar cenas: “Te quitan las cenas, y no lo compensas, porque también se han hundido los desayunos y las comidas”.

El toque de queda nocturno y la obligación de cerrar, entre las diez y las once de la noche en los últimos meses, también provocan la indignación de muchos hosteleros; sobre todo, porque ven ejemplos de que sirve de poco como medida de contención del coronavirus.

“Cuando avisamos de que tenemos que cerrar a las diez, o a las once, a muchos les escuchas decir que van a casa de uno u otro a seguir bebiendo”, explica Raquel Jiménez. Apunta que “si los bares estuviesen abiertos en su horario normal la mayoría de la gente se repartiría más y tras cenar y tomarse alguna copa se iría a casa. Al cortar la noche a las nueve o a las diezla gente esta tendiendo mucho a reunirse en pisos incluso muchos alquilan pisos con ese fin y no siempre para fiestas salvajes, simplemente para poder estar un grupo cenando a gusto y tomarse un par de copas después”.

Algo similar ocurre con las limitaciones para que se reúnan más de cuatro o seis personas (según han ido variando las cifras) en un bar o restaurante. “No poder reunirse más de cuatro personas en el interior hace que muchas familias no salgan a comer porque son más o porque sus mayores no están para estar en una terraza todavía”, explica.

Como muchos hosteleros, denuncia que las medidas son contraproducentes y favorecen que grupos de amigos se reúnan en condiciones de menor seguridad ante el contagio: “Cualquier persona que esté en un establecimiento público esta cumpliendo unas normas, hay unas distancias y lo más importante de todo hay la ventilación adecuada. La mayoría de los bares y restaurantes tienen todas las puertas y ventanas abiertas y han estado así incluso durante los meses más fríos. Si algo hemos aprendido es que la ventilación es crucial para evitar el contagio. Las personas se están reuniendo cada vez más en las casas donde están sin mascarilla, sin distancia de seguridad y sin ventilación”.

“No podemos sacarles del ERTE”

Todas estas circunstancias -teletrabajo, hora de cierre adelantada, restricciones de aforo y de grupos- han hundido los ingresos de ‘La Loca Lagarejos’ y de otros muchos locales similares, bares y restaurantes de barrio, muy centrados en el menú del día y en la actividad laboral de la zona.

Sólo hay mayor movimiento de clientes los fines de semana, los sábados y domingos suponen cierto respiro frente a los pocos clientes de lunes a viernes.

“Y mientras caen los ingresos, los gastos son fijos: el alquiler, que muchos caseros no han podido bajar porque ellos viven de esto; la cuota de autónomos; los proveedores, que tampoco pasan por un buen momento; el fútbol de pago, que es de lo poco que trae clientes...”, resume.

Varios camareros de este restaurante siguen en ERTE: “No les puedes sacar del ERTE, porque no sabes si vas a poder pagarles el primer mes que vuelvan a trabajar”. Y añaden otro motivo: “Si gran parte del día no hay nada que hacer, porque no hay clientes... no les vas a tener aquí sin hacer nada”.

A eso se suma la dificultad que suponen los contagios: al estar muy expuestos al contacto con muchas personas, no es inusual que muchos camareros den positivo por Covid-19 y tengan que estar varias semanas de baja por este motivo.

Los créditos ICO no llegan... o llegan tarde

Como solución muchos vieron los créditos del Instituto de Crédito Oficial (ICO). Sin embargo, la experiencia de pequeños negocios como este es que estos créditos del ICO están llegando con cuentagotas.

“Casi todos los hosteleros que conozco han recibido ‘ICOs’ de entre 6.000 y 25.000 euros como máximo, dista mucho de las cantidades que han recibido otros sectores mucho menos castigados”, critica Raquel Jiménez, que añade que en una ciudad como Madrid, Bilbao o Barcelona con los alquileres que pagan los locales “eso da más bien para poco por no decir para nada”.

A muchos hosteleros, los bancos que tramitan estos créditos les explican que no se atreven a abrir el grifo de estas ayudas: “Sois un sector muy complicado”, “tenéis mucho riesgo”, “la mayoría de los hosteleros estáis avocados a la quiebra”, son algunos de los argumentos que reciben los dueños de estos negocios que buscan una ayuda para sobrevivir a esta situación de asfixia económica.

Con todo, no dejan de ser préstamos que deben devolver: “Y muchos, cuando empecemos a levantar la cabeza, vamos a tener el problema de que tenemos que empezar a devolver los créditos”.

Raquel Jiménez lamenta que este cúmulo de circunstancias lleva a que algunos hosteleros decidan que les es más rentable permanecer cerrados, a la espera de que la situación mejore y puedan abrir en un escenario con más actividad y menores restricciones.

Pero otros muchos ya están echando la persiana para siempre. “Si los préstamos hubieran llegando antes a más negocios, muchos se hubieran salvado”, asegura por los casos que conoce de bares y restaurantes que han decidido cerrar.

Detrás de esos cierres, apunta, no sólo está el drama del dueño o la familia que se ha quedado sin negocio: “Muchos camareros tienen 50, 55, 60 años. Cuando cierra el bar o restaurante en el que trabajan, ¿adónde van? No van a volver a encontrar trabajo, y menos ahora”.

Con la llegada de la primavera y el buen tiempo, muchos bares y restaurantes que no tenían terraza miran la opción de ponerla este año para intentar así encontrar una vía de ingresos, si bien supone un riesgo: además de la licencia municipal, exige una inversión importante (de 3.000 a 12.000 euros) para cumplir todos los requisitos. “Pondremos terraza, esperemos que compense el gasto”, afirman desde ‘La Loca Lagarejos’.

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