Madrid

Más de 400 bomberos forestales de la Comunidad de Madrid se quedan en la calle con el fin de la temporada de incendios

Los afectados reclaman la estabilización de la profesión para evitar ser despedidos cada año

Bombero luchando contra el fuego en Galicia.
photo_camera Bombero luchando contra el fuego en Galicia.

La llegada del otoño y del invierno pone fin a la temporada de incendios de este año que nos ha dejado imágenes como las de Sierra Bermeja, en Málaga, o el de Navalcruz, en Ávila. Esto, que puede suponer una bueno noticia para la mayoría de personas, no lo es para los bomberos forestales que ven, un año más, cómo son despedidos en septiembre o noviembre.

José Morilla, secretario general del sindicato Firet y bombero forestal de la Comunidad de Madrid, asegura a Confidencial Autonómico que esta situación es habitual y se repite todos los años. De los bomberos forestales subcontratados por la Comunidad en verano, aproximadamente la mitad son despedidos en septiembre cuando acaba la temporada e incendios. En vacaciones, el número de apagafuegos que trabajan para el gobierno regional en régimen de subcontratación ronda los 500. Con la llegada del invierno, ese número baja a los 300.

Gran parte de los que trabajan en el sector público corren la misma suerte en noviembre. La Comunidad de Madrid hace una distinción entre el personal funcionario, que disfrutan de un contrato fijo indefinido, y el personal laboral, con un contrato fijo indefinido, esto es, que trabajan durante períodos de tiempo concretos año tras año. Con el fin de los incendios, la totalidad del personal laboral termina su contrato, lo que supone que otras 200 personas que se dedicaban a las labores de vigilancia, prevención y extinción se queden sin trabajo hasta que empiece la siguiente campaña de lucha contra el fuego.

Este personal laboral es el único que se encarga de las tareas forestales junto con los que pertenecen a las empresas privadas. Con estos en la calle y los recortes de plantilla de las compañías subcontratadas, las labores de prevención decrecen drásticamente durante el invierno, lo que aumenta la probabilidad de incendios en verano, aseguran.

Tanto el sindicato como los bomberos denuncian que esta situación que se repita año tras año: “somos temporeros forestales”. Morilla denuncia que algunos de estos trabajadores que llevan más de 30 años en este régimen de contratación, lo cual es inviable para el personal dedicado a luchar contra las llamas. Ser bombero requiere una formación continua y un acondicionamiento físico adecuado, que es difícil de mantener si más de la mitad del año te dedicas a otras tareas. Algunos de ellos se dedican a las labores del campo, a la seguridad privada o a la conducción. Cuando acaban el verano no les queda más remedio que volver a buscarse la vida.

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