Estado Autonómico

El Gobierno no quiere bajar los impuestos a la gasolina para forzar la reducción del uso del coche

Acepta rebajar las tasas a camioneros, taxistas, agricultores… pero no a usuarios particulares

Un hombre echa gasolina a su coche en una gasolinera
photo_camera Un hombre echa gasolina a su coche en una gasolinera

La invasión rusa de Ucrania ha asestado un duro golpe a las perspectivas de la economía mundial. Todos los pronósticos apuntan a que los precios seguirán subiendo y sobre todo el de la electricidad y los carburantes. Pero España se niega a bajar los impuestos a los combustibles porque su objetivo es acelerar una reducción del uso del coche.

Desde que Rusia invadió Ucrania, el pasado 24 de febrero, el precio medio de la gasolina 95 en España ha pasado de 1,61 euros el litro a 1,86. Es un incremento del 16% en dos semanas.

En el caso del gasóleo A, los precios han saltado de los 1,494 euros el litro cuando comenzó la guerra a 1,833 el jueves (+31%), según datos del Geoportal del Ministerio para la Transición Ecológica, que recopila en tiempo real los precios de los carburantes en más de 11.000 gasolineras de España.

Los precios desbocados han provocado, en última instancia, que el jueves llenar un depósito de tamaño medio (50 litros) se vaya por encima de los 90 euros.

La mitad del coste son impuestos

No se pasa por alto que que buena parte del esfuerzo económico que realizan los consumidores cuando arrancan el coche va directo a las arcas públicas porque una porción importante del coste de los carburantes llega en forma de impuestos.

Según los números que manejan en la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), entre un 49 (en el caso de la gasolina 95) y un 45% (cuando se trata del gasoil) de lo que se paga por cada litro de carburante son gravámenes.

El resto se lo reparten los costes al por mayor (el precio del crudo y el refino) y los márgenes y costes de distribución. La primera partida supone un 35% del precio final del litro de gasolina 95 y un 40% en el del gasoil; mientras que los costes de distribución suponen el 16% y el 15% respectivamente.

Reducir el uso del coche privado

Sin embargo, según ha podido saber Confidencial Digital por fuentes conocedoras de los planes del Gobierno, Moncloa y Hacienda se niegan a bajar los impuestos a la gasolina porque su objetivo es forzar una reducción del uso del vehículo particular.

En el Ejecutivo admiten que es una de las medidas que ha puesto sobre la mesa el Gobierno, relacionada con el día a día de los ciudadanos en un contexto económico y político azotado por la invasión de Ucrania.

Recuerdan que el acuerdo que presentó Pedro Sánchez este domingo a los presidentes autonómicos, en la Conferencia en La Palma, obliga a todas las autonomías a suscribir un compromiso para “acelerar la transición energética de nuestro país y a concienciar al conjunto de la ciudadanía y a los sectores productivos acerca de la importancia del ahorro energético”.

Entre las medidas que propone destaca “el incentivo de un uso más racional de los vehículos privados o una moderación del uso de energía dedicado a la climatización”, en línea con la última petición de Josep Borrell.

Rebajas para camioneros, taxistas…

Pero el impacto de las subidas de los carburantes sobre los sectores productivos va más allá del transporte personal. Por ello, según las fuentes consultadas por ECD, el Gobierno acepta rebajas en las tasas y medidas excepcionales para los principales perjudicados en su trabajo diario por la subida de los carburantes.

Destaca por encima del resto el transporte, que según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), un organismo tutelado por Transición Ecológica, consume el 73% de todos los recursos petrolíferos de España anualmente.

Aunque el alza de los combustibles también dañará a la industria, que aporta casi un 16% del consumo nacional anual de recursos petrolíferos -sufrirán especialmente la industria química y petroquímica, la construcción y los minerales no metálicos-, el gran protagonista es el transporte por carretera.

En España se estima que más del 90% de las mercancías llegan a su destino en camiones o furgonetas por vía terrestre. Alimentos, ropa, muebles, productos tecnológicos... recorren cientos de kilómetros de autovías hasta llegar a su destino.

El alza de los combustibles amenaza con filtrarse también al precio de estos productos, que ya se están disparando por efecto de los otros dos grandes protagonistas de la crisis energética: la electricidad y el gas.

En este sentido, la OCU recuerda que la subida en el precio del transporte “tiene especial incidencia en los alimentos, un bien de primera necesidad que ya arrastra importantes subidas”.

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