Comunidad Valenciana

Las trabajadoras del calzado de Elche se hartan de “40 años de esclavitud”

Reunión constituyente de la Asociaciación de Aparadoras de Elche, 2018
photo_camera Reunión constituyente de la Asociación de Aparadoras de Elche, en 2018.

Isabel Matute, presidenta de la Asociación de Aparadoras de Elche, ha denunciado que “llevamos 40 años siendo invisibles, 40 años de esclavitud a los que hay que poner fin”. Para ello ha iniciado una recogida de firmas a través de change.org, que ya tiene 4.500 firmas.

Las aparadoras o trabajadoras del calzado “llevamos toda la vida trabajando para grandes y pequeñas marcas que nos pagan un salario de miseria y que rara vez nos hacen un contrato laboral”, expresan desde la asociación, recordando que “nuestro trabajo nació en los años 60 para poder trabajar mientras cuidábamos y hacíamos las tareas domésticas”

Matute destaca que es “un trabajo especialmente feminizado, que ha significado carecer de condiciones dignas de trabajo. Nuestro trabajo nos provoca muchísimos problemas de salud y no tenemos medidas de seguridad, ni nadie que se responsabilice. Al ser un trabajo del sector informal, no tenemos derecho a paro ni a una jubilación”.

“Nuestras jornadas de trabajo son de 10 a 11 horas. Nuestro convenio no se cumple en la mayoría de los casos y estamos cansadas de ser invisibles”, ha subrayado Isabel Matute.

La presidenta de la asociación señala que “nosotras hemos contribuido a la riqueza del país y de Elche en concreto, donde nos encontramos la mayoría de aparadoras. Las mujeres hemos generado todo esto. Hemos hecho los zapatos de millones de personas y lo único que hemos recibido han sido condiciones laborales prácticamente de esclavitud. Este país y Elche, tienen una deuda histórica”.

“Yo, he trabajado más de 50 años y solo tengo cinco cotizados, ¿cómo voy a sobrevivir con una pensión tan baja, habiendo trabajado tantos años?”, destaca Matute, a la vez que pide que se firme su petición al “Ministerio de Trabajo para que reconozca nuestros años trabajados y tener los derechos de cualquier otro trabajador, como la prestación por desempleo o una pensión digna”.

“Los hombres suelen trabajar de cortadores y, aunque es trabajo similar, ellos en su mayoría tienen contrato y, por tanto, derechos reconocidos como el resto de trabajadores. No podemos seguir precarizando a las mujeres humildes, tenemos que alzar la voz contra los abusos y reconocer nuestro trabajo, porque sin nosotras no habría zapatos”, denuncia Matute.

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