Cataluña

Guardias urbanos de Barcelona denuncian deficiencias en las comisarías ante un ataque como el de Cornellá

Han presentado un escrito reclamando que se tomen medidas de seguridad, ya que en algunas oficinas “puede entrar cualquiera sin ningún control”

Comisaría conjunta de Mossos y Guardia Urbana de Barcelona.
photo_camera Comisaría conjunta de Mossos y Guardia Urbana de Barcelona.

El ataque de un hombre argelino armado con un cuchillo y al grito de “Allahu akbar” contra una comisaría de los Mossos d’Esquadra ha llevado a los agentes de este y otros cuerpos policiales a solicitar mayores medidas de seguridad en sus instalaciones.

En la propia policía autonómica de Cataluña, varios sindicatos lamentaron tras ese ataque -que acabó con el atacante muerto a disparos de la agente que vio peligrar su vida- que en las comisarías de los Mossos no se hubieran completado las reformas para reforzar la protección: más cámaras de seguridad, cristales blindados, bolardos en las puertas...

El Confidencial Autonómico ha podido saber que esta inquietud también se da entre los agentes de la Guardia Urbana (policía local) de Barcelona. La sucesión de ataques en Cataluña, primero los de La Rambla de Barcelona y Cambrils, este agosto el de Cornellà de Llobregat, ha llevado a los guardias urbanos a reforzar sus exigencias.

El sindicato SAPOL ha enviado una carta al Ayuntamiento de Barcelona para reiterar su petición de que realice cambios en las comisarías e instalaciones de la Guardia Urbana, ante las “vulnerabilidades” que siguen existiendo frente a un ataque terrorista o de otro tipo.

“No es la primera vez que lo pedimos, ya lo hemos solicitado varias veces”, denuncian desde SAPOL, que lamentan que estas exigencias comenzaron hace más de un año y medio y que el consistorio que dirige Ada Colau no ha tomado muchas medidas de las solicitadas, por lo que critican que no se lo está tomando como una prioridad.

Los agentes critican que en buena parte de sus comisarías no hay apenas filtros o controles de acceso que evite que una persona entre con intenciones de atentar. “Hay comisarías en las que puede entrar cualquiera”, y relatan un caso rocambolesco: en la macrocomisaría de Zona Franca encontrar hace un año a un camionero duchándose en los vestuarios de los guardias urbanos. Había entrado sin que le llamara la atención ni le impidiera el paso nadie.

Denuncian carencias de arcos detectores de metales -incluso de los pocos que hay, alguno no funciona-, de mamparas con cristales blindados y otros medios de protección. Los mandos de la Guardia Urbana les han asegurado que se están estudiando las deficiencias para corregirlas, pero no les han dado fecha ni aseguran que haya presupuesto disponible para llevar a cabo las reformas necesarias.

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