Cataluña

Arrimadas pretende resucitar un muerto

Irene Arrmidas
photo_camera Irene Arrimadas

La conocida frase “Los muertos que vos matáis  gozan de buena  salud” se atribuye falsamente, a José  Zorrilla y, a pesar de lo que tantos creen, no fue pronunciada por don Juan Tenorio en la famosa obra de teatro.

El muerto del que quiero hablar se llama Ciudadanos, que, es una evidencia, no goza de buena salud. Todo lo contrario, me temo que apenas le queda un hálito de vida. Este difunto, la verdad, parece bastante fiambre.

Y es un partido que muere, no por el apuñalamiento de otros, de sus rivales, sino por méritos propios, concienzudamente trabajados.

Ciudadanos surgió en Cataluña como un grito de libertad, una oportunidad, un movimiento de rebeldía frente a la opresión independentista, y cuajó hondamente en gran parte de la población, hasta el punto de convertirse en el partido más votado.

Las alianzas posteriores le impidieron gobernar, pero en el Parlamento de Cataluña protagonizó una política de oposición a los nacionalistas de altísimo nivel, ideológico y dialéctico, encarnada precisamente por la portavoz Inés Arrimadas.

Aquel intento ha quedado en nada.

La sorprendente huida a Madrid desde su lugar natural, Cataluña; el proyecto de convertirse en una alternativa a nivel nacional; la falta de implantación por toda España; el fichaje de tránsfugas, traidores y descolocados; la falta de cuadros; la inconsistencia del líder fundador... Todo eso provocó el fracaso de un proyecto que, una vez instalado en Madrid, hasta llegó a tener el sueño quimérico de sustituir al Partido Popular.

Ese escenario ha quedado por los suelos.

A pesar de haber sido laminados en Andalucía, donde han pasado de veintiún diputados a cero, todo un récord que nos retrotrae a la historia de la UCD, a pesar de eso, la todavía presidenta, Inés Arrimadas, parece que se ha empeñado en resucitar Ciudadanos.

Un run-run interno pide su dimisión y la celebración inmediata de un congreso extraordinario, para Arrimadas ha salvado el órdago.

Ha recurrido a la fórmula de dar más poder a Begoña Villacís, considerada por muchos la alternativa, y ha decidido mantenerse en la presidencia para pilotar un proceso de reflexión de seis meses, en el que reconstruir la ideología, principios y estrategias, y tras ello celebrar una asamblea general de afiliados que decida la próxima dirección nacional.

Hablan de “refundación”, en un partido que en realidad apenas tuvo “fundación”, porque pasó demasiado rápidamente de ser una formación regional a intentar jugar en la primera división nacional pero sin haber tenido entrenamiento, sin plantilla y sin táctica.

Arrimadas se propone diseñar un nuevo programa, y hasta actualizar el nombre y el color de su formación. Ese tono naranja que se ha descolorido y ha pasado a ser ácido como el limón. Ideológicamente apunta al espacio que llaman de centro liberal, algo que casi nadie sabe qué es, y, desde luego, desconocido como tal en España.

Planea también crear un "órgano asesor externo" con intelectuales y representantes de la sociedad civil que quieran formar parte del proceso de "reconstrucción" de Ciudadanos. A ver quién se apunta.

Esos seis meses parecen un corto plazo para devolver la vida al fallecido, pero los tiempo apremian porque inmediatamente llega la campaña para las municipales y autonómicas.

Y dicen dentro del partido, que Arrimadas no ha decidido si se presentará a la reelección. Me parece que no le queda otra. Si no, ¿a qué viene protagonizar ella en primera persona el proceso de refundación, si luego no lo quiere liderar?

De todas formas, repito, ese muerto no tiene muy buena salud.

editor@elconfidencialdigital.com

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