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La honestidad y su valor en la comunicación en plena era digital de la mano del marketing social

Que la transformación digital ha supuesto un cambio cualitativo en la forma de entender la comunicación es un hecho irrefutable. Ahora bien, todo cambio de paradigma necesita de reflexión y autocrítica a fin de alcanzar un equilibrio entre progreso y sostenibilidad, o lo que es lo mismo, un desarrollo sostenible.

Mientras que en muchos sectores ya se pueden identificar sin problema los pasos a dar para alcanzar un desarrollo sostenible, en materia de comunicación apenas se ha tratado el tema. Y cada vez se habla más de la falta de marco ético que presenta la nueva era de la comunicación a día de hoy. Algunos lo relacionan con la falta de voluntad para aplicarlo.

La comunicación ha dado paso a la hipercomunicación. Las personas se pasan el día pendientes de sus dispositivos electrónicos y reciben constantemente un bombardeo de noticias y publicidad por medios, gran parte de ellos con falta de profesionalidad: fake news, publicidad intrusiva y abusiva, desinformación… Gran parte de la sociedad considera que la transformación digital ha dado pie a un ecosistema que justifica la falta de honradez y escrúpulos en pos de un beneficio de carácter privado y económico.

En ese contexto, muchas personas, como receptores pasivos de ese bombardeo, se ven cada vez más incapaces de mantener vivo su espíritu crítico, terminando por aceptar y normalizar conductas procedentes del marketing y medios de comunicación. Ejemplo de ello son las agresivas campañas publicitarias de algunas de las principales plataformas que prometen un estilo de vida de ensueño a cambio dinero o la desinformación por parte de algunos medios de comunicación actuales. El único modo de no verse envuelto en esta vorágine de información sesgada es vivir desconectado. Algo que se antoja imposible si se quiere seguir el ritmo del progreso.

Por eso, algunos ven proyectos como el de Startidea como un rayo de esperanza, ya que anteponen la honestidad al beneficio económico.

Startidea no es una agencia de comunicación o marketing al uso

Partiendo de la base de que la publicidad engañosa es algo denunciable, las tácticas de marketing actuales tienden a resultar más deshonestas y manipuladoras que engañosas. Se tiende a buscar una conexión emocional entre el producto y el receptor de la publicidad, de modo que el sujeto, tratado como objeto, resulte manipulable para así acceder a su dinero.

En contraposición, Startidea apuesta por una comunicación honesta alejada de la manipulación, opta por tratar al consumidor como adulto capaz de apreciar las bondades o beneficios de un producto sin someterlo a manipulación de tipo alguno.

La comunicación también merece un desarrollo sostenible con un marco ético claro. El fin último de la comunicación siempre será la propia comunicación, y lo que esto supone es que no exista diferencia entre el mensaje y el referente del mismo, entre lo que se comunica y la verdad, ya sea de geopolítica o de una campaña de publicidad.

El concepto de marketing social que promueve Mario Pablo Sánchez Barrón, CEO de Startidea, se ajusta perfectamente a este marco ético tan inexistente como necesario en la sociedad actual. Se trata de comunicarse a través de la verdad, demanda ya antiquísima a nivel de pensamiento pero muchas veces desdeñada en beneficio de los intereses particulares.

Cada vez más sectores de la sociedad aseguran que el hecho de afirmar que el interés particular está reñido con el general se trata de una suposición errónea y falaz, y que todo avance social acaba beneficiando al conjunto de los individuos, de manera general y particular. Por ello, adoptar una posición honesta respecto a la comunicación solo repercutirá de forma positiva para todos los agentes implicados, tanto comunicadores como receptores del propio mensaje.

¿Por qué manipular a la audiencia cuando se puede comunicar a través de la verdad?

Un buen producto lo es más allá de lo que se pueda decir de él. Si los comunicadores se ajustan a la verdad inherente al mismo, podrán sentir la satisfacción de moverse en un marco ético adecuado. Y los consumidores podrán comprobar por sí mismos las bondades del mismo bajo el amparo de la objetividad, dejando de lado la artificiosidad y la manipulación emocional.


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